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 Informe especial / SEPTIEMBRE 2002
LEONARDO MACCARI
Por Ariel Balderrama
El sunchalense cuenta con una impresionante cantidad de objetos de la ciudad, zona y país que testimonian buena parte de nuestra historia como sociedad. La intención es habilitarlo para que sean los estudiantes quienes puedan tener acceso privilegiado a todo ese cúmulo de elementos difíciles de encontrar en otro sitio.
Al momento de ingresar al domicilio ya se advierten los primeros indicios de la pasión de Leonardo Macari, un vecino sunchalense que desde hace cuatro años alimenta su ímpetu de guardián del acervo histórico.

Los numerosos recuerdos de Oriente adornan la habitación inicial al tiempo que dan una muestra cabal de la anterior preocupación del dueño de casa. El deporte, aún una etapa reciente de su vida, coexistió desde siempre con su afán por reunir objetos que testimoniaran la realización del hombre en sociedad.

Fue así como comenzó tímidamente a guardar recuerdos que en principio le eran propios. Luego se amplió su espectro y se encontró con la posibilidad de contar con el aporte tanto de vecinos como de amigos, quienes lo apoyaron y acompañaron en su iniciativa.

La pieza del fondo, sitio que alguna vez estuvo destinado a lugar de reunión de amigos o depósito de cacharros, ha variado su función. Allí se acomodan prolijamente un sinnúmero de elementos que sirven para recorrer una buena parte de la historia de la ciudad, la región y el país. Artesanías de los antiguos pobladores, ladrillos de casas coloniales, conviven con los más diversos elementos que estuvieron presentes en las diferentes épocas.

Al recorrer las mesas y vidrieras, quien se encuentre en el sitio no se puede abstraer del profundo significado que tiene la habitación. Al levantar la vista se pueden advertir nuevos objetos y a medida que Leonardo avanza en las descripciones se toma una tímida conciencia del valor de ese lugar.

Mientras él relata la forma en la que pudo conseguir un encendedor, un candado, un instrumento musical o cualquiera de las 1.001 cosas que están en el interior de esas cuatro paredes, una rápida revisión ayuda a respaldar la idea de que es poco lo que le puede llegar a faltar. Sin embargo eso no es más que una impresión puesto que a medida que pasan los minutos, Maccari abre una de las puertas de la vitrina más grande y dentro de una lata que supo de mejores tiempos saca una colección de billetes, monedas, prendedores, medallas, botones, agujas, miles de cosas se apiñan en los más variados recipientes.

Al momento de indicar qué es lo que le está atrayendo en este momento, el dueño de casa indica que el próximo desafío está en lograr reunir todos los ejemplares de la revista "El Gráfico", cosa que ya está en marcha y con excelentes resultados.

Sin embargo, además e la pasión por la reunión de elementos, él mantiene una propuesta sumamente interesante por cumplir. Se trata de la posibilidad de acercar los objetos a los alumnos de las escuelas de la ciudad. La función de respaldo a los docentes es lo que lo impulsa a continuar con la recolección de cosas.

No obstante no hay que pensar demasiado antes de preguntarle dónde continuará con las colecciones debido a que el cuarto ya ha quedado pequeño, al punto que su padre, en otro sector de la ciudad ya destinó un sector de su hogar para funcionar a modo de depósito hasta tanto se logre reubicar algunas cosas y así disponer de un poco más de espacio.

Claro que ello no será para siempre ya que a medida que los vecinos o amigos de Leonardo se enteran de su propósito comienzan a llevarle nuevos recuerdos que no hacen más que engrosar el de por sí elevado número de cosas.

Al tiempo que reconoce el aporte de otros coleccionistas y relata el intercambio de objetos que normalmente se efectúa entre ellos, elementos tales como un par de zapatillas "Flecha" o botines "Sacachispas" miran desde un rincón en donde tienen como vecinos viejos cuadernos, juguetes de antaño, latas, botellas de Bidu-cola llenas, lámparas, guantes, cámaras de fotos, instrumentos musicales, revistas, fotos, folletos y un cúmulo de cosas que de intentar enumerarlas, abocaría una tarea que llevaría varias líneas para concluir satisfactoriamente. Por tal motivo resulta mucho más simple dar fe de la existencia de "un poco de todo" y asegurar que casi con seguridad todo aquello que haya sido relevante para un período histórico de nuestro país se podrá encontrar en ese domicilio, resguardado por un muchacho que se ha tomado sumamente en serio aquello de preservar el patrimonio histórico para contribuir al saber de las futuras generaciones.

"Yo traigo a mis amigos o a gente que quiero aquí, les muestro qué estoy haciendo y les cuento que todo estará destinado al estudio de los chicos de la ciudad", cuenta con una sonrisa a flor de labios.

A medida que los minutos pasan y se reafirma el sentimiento de que la obra que está encarando es más que interesante y que sabrá ser apreciada por los docentes y niños de la ciudad, quienes tendrán la oportunidad de estar en contacto directo con muchas de las cosas que caracterizaron la época de sus ancestros, comienza a aparecer la voluntad de colaborar, algo que se torna natural cada vez que se tiene idea de estar presenciando una buena idea.
Las versiones de Leonardo
Al momento de definir su pasión por los recuerdos, Leonardo Maccari señala que "viene un poco de mi familia que siempre fueron guardando cosas que pertenecieron a mis abuelos o bisabuelos y fue un poco recuperar todo eso y ponerlo en un lugar para que pueda ser apreciado por mucha gente", versión que es corroborada por su madre.

"La idea principal -prosigue- es que algún día pueda servir para los chicos de algún colegio o de escenografía en alguna obra teatral, ya veremos en qué se puede utilizar".

"Uno de los proyectos que tengo es comenzar a trabajar sobre un tema en especial. Uno de ellos sería llegar a tener la colección completa de la revista El Gráfico pero es difícil puesto que es una publicación que comenzó a salir en el año 1919. De todas formas ya he encontrado algunos números de 1930 y a partir de 1945 la tengo casi completa", continúa.

Nuevamente, el inicio de la actividad es tema de sus declaraciones, "es una idea que venía trayendo desde hace algún tiempo pero otras actividades me quitaban el tiempo pero ahora puedo dedicarme de lleno a esto. Lo que hago es tratar de ubicar cosas antes que la gente la tire. Acá, además del esfuerzo personal hay mucha gente que ha colaborado con el proyecto porque repito, la idea es poner todo el material a disposición de las escuelas. Por ahora, el primer contacto que tuve fue con la escuela general Manuel Savio, que es a la que concurrí y que probablemente estén viniendo esta semana porque están realizando una serie de actividades sobre el tema".

"No quiero entrar en comparación con el Museo Municipal, lo que sí trato de buscar cosas que no hay allí. Mientras ellos buscan cosas antiguas yo trato de obtener elementos que acaso no sean tan viejos pero que hagan a la historia, como pueden ser las botellas de SanCor cuando repartía leche en envases de vidrios, que quizás no sean tan antiguos pero sí difíciles de localizar", continúa.

Sobre la forma de reunir elementos, además de la colaboración espontánea de buena parte de la población que luego de tomar conocimiento de su pasión comienza a acercarle objetos, indica que "trato de ponerme en contacto con personas que tienen una pasión similar. Es muy difícil encontrar gente que se dedique a todos los rubros porque la mayoría tiene una sola pasión. De todas formas cuando uno puede colaborar con ellos se propicia algún tipo de intercambio". Fue precisamente así como logró el último de sus hallazgos consistente en un bajo que está en el orden de los 80 años y que perteneció a la banda de música municipal.
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